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            Nostalgia que habita en la noche, entre la tormenta y la desdicha. Nostalgia de un mundo olvidado y enterrado entre recuerdos de modernidad. Nostalgia que habita en la oscuridad de un alma sin carteles que le indiquen por dónde agarrar. El mundo sigue herido pero no llega a desangrar.

Nostalgia de ése mundo que no llegué a conocer pero puedo recordar muy bien. El olor a alegría transitaba las calles, la imaginación gobernaba el reino de los sentimientos, la pasión, las ideas y la lucha por vivir mejor hacían olvidar lo mal que se vivía. La incertidumbre generaba grandes inventos y los diarios nacían por doquier entre discusiones de café. Los murmullos en un barco se transformaban en un grito de libertad. Los cuentos iban de boca en boca, la palabra pesaba tanto como el plomo y viajaba ligera como una hoja sentada sobre una brisa otoñal. Las mujeres sonreían tímidas ante la mirada de un varón que, provocador, jugaba a ser el ganador.

Nostalgia de la noche que caminaba lenta y tranquila sin temer, noches en las que la música se metía en cada rincón. Bailes y ritos entre un ambiente malhechor. Peleas leales como los caballeros y traicioneras como las emboscadas pero siempre por una mujer.

Nostalgia de ese mundo que no conocí, aquel donde la soledad realmente era un mal, donde la pena deshacía almas fuertes como el hueso y donde la esperanza se colaba entre las voces del murmullo que pedía libertad. Aquellas mujeres que resignaron el amor por dejar partir a  aquellos hombres que sucumbieron de pie por un ideal, por un futuro, por un triunfo, por los demás, brindando su sufrimiento por la igualdad.

Ahogado en este mundo que no me da oportunidad, que no me deja saltar, que destruyó las ilusiones, que terminó con la imaginación y con el tiempo para soñar porque pronto hay que despertar. Ya no hay lugar para extrañar y una cara es difícil de olvidar, no se disfruta de la soledad porque siempre hay una manera de hablar. Ahogado, sin aire, sin respirar, viviendo hundido en la nostalgia de no poder volver atrás.

Nostalgia fue la última palabra que usó para resumir una historia de amor, de risas, de llantos y compasión. Nostalgia entre sonidos que viajan por el tiempo, renacen una y otra vez como si fuera la primera vez, voces que se mantienen vivas pese a la muerte de su mentor. Nostalgia me trae el viento y el recuerdo de su cuerpo y el frío que en las últimas noches me dejó sin alguna aparente razón. Nostalgia, maldita nostalgia, palabra que usó en su último adiós, muy grande para resumir pero muy chica para referirse a un desamor.

Nostalgia que trae soledad, que trae promesas inconclusas. Crueles respuestas tengo a menudo, no comprendo el por qué, no puedo explicarlo, no puedo estar seguro de dónde nace mi maldad que se junta durante el día y explota como el más traicionero volcán, de repente, sin avisar. Toda mi impotencia a merced de mi maligno cerebro que escupe infelices palabras tan filosas como punzantes. Ambiguas, como mi alma, como mi ser, como mis pensamientos. El veneno que sale de mi boca es el antídoto que entra en mi alma, en mi corazón que se descontrola con la facilidad más grande que he podido ver… Ambigua la nostalgia, que me muestra un mundo que nunca conocí y me lleva a un recuerdo que nunca olvidé.


 

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