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             Apoyo la pluma y sigo escribiendo, ya perdí la cuenta de las palabras que he inventado sobre un papel al cabo de toda mi vida, soy un anciano y acá me encuentran, resignado, dolorido y esperando a la muerte. Cada noche me acuesto pensando que podría ser la última pero el sol me despierta cada mañana, una larga vida deja un cansancio crónico en los huesos. Aquel cuerpo vigoroso y atlético sólo es un recuerdo vago en mí mente, los compañeros que han visto mis hazañas ya siguieron el camino de la parca, así también las mujeres que amé, como mis padres y hasta mi único enemigo. Recuerdo con nostalgia los días en que competía con mi enemigo público, sin decirnos nada, sin nunca declararnos la guerra, sabíamos que luchábamos ferozmente, simplemente porque la naturaleza así lo deseó, como animales llenos de instinto asesino, al mirarnos a los ojos nuestros cuerpos sentían una excitación enorme, provocativa y alucinante… pero sonreíamos y disfrutábamos de la enemistad, extraño tanto aquella época…. en aquel momento odiaba vivir, odiaba ser uno más de un mundo que se caracterizaba por no comprender a sus habitantes, luchaba contra mi enemigo y amaba a las mujeres que me lo permitían hacerlo, sus cuerpos me llenaban de una excitación diferente y sumamente placentera. Hoy me encuentro acá tirado sobre un colchón, con el dolor reinando mi alma, mis rodillas inmóviles, mis tobillos cansados, mi cabeza rendida por una batalla que claramente perdió con mí consciencia, acá estoy, muriendo en una cama, sólo, sin que nadie me tienda la mano o me vaya a recordar, el mundo rápidamente olvidará que acá existió alguien que peleó contra sí mismo, pero acá estoy, muriendo y convencido que, para mí, la vida fue una incógnita constante, una búsqueda insaciable de respuestas que todavía hoy no puedo saciar, una pregunta me rebota en mi mente y la llevo preparada para dispararsela a quién sea que me reciba ¿qué es el amor?.


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