Estoy hasta los huevos, así sin ningún tipo de maquillaje empiezo este descargo.
La sociedad se convirtió en un lugar horrible, sin salida aparente el egoísmo comenzó a vencer. Son más lo que creen que en el individualismo está la salvación, un recurrente sálvese quien pueda destruye cada día el entramado social de comunidades que lleva en proceso de construcción más tiempo del que podemos contar, generación tras generación el estado de cooperación fue mejorando para terminar desangrándose ante mi mirada, el deterioro es tan grande que un siglo después de la guerra más devastadora que conoció la humanidad amenazan con seguir al siguiente nivel y no son pocos los lo ven con buenos ojos.
Arrasar con una ciudad para repoblarla y construir hoteles de lujo al costado del Mediterráneo para que las lacras que ya tienen más de lo que podrían gastar en cuatro vidas sigan agregando ceros a sus pantallas de criptobro soñando con una juventud eterna de excesos financiada por botox y tratamientos surreales para desgarrarse en fiestas moralmente canceladas en islas propias.
Pero así como el mercado se regula solo y la macro ordena la micro y con la micro bien los pobres pueden vivir mejor, las estupideces parecen aflorar sin ningún filtro, sin tapujos, sin aparentes pensamientos preliminares entre el proceso de gestar una idea en el cerebro y largarla por la garganta a cualquier costo.
Lo que es claro, es que la estupidez viene dictada desde las grandes esferas, esas personas que creen tener una vida superior a cualquier otra solamente por haber desarrollado la habilidad de acumular capital y gracias a eso tomar decisiones que involucren, según ellos, a los más desdichados que sin pasaportes rojos o con un águila en su portada ven como ya sale lo mismo desplazarte a su trabajo que lo que le cuesta al capital que esté ahí la mitad del día obedeciendo órdenes. Lo que no pueden evitar es que esas pobres gentes no dejarán nunca de luchar con lo simbólico como bandera principal, simplemente porque no necesita capital para tener poder, solo es necesario amor y fue el amor lo que me llevó a estar las últimas dos décadas dedicándome exclusivamente a lo que tengo ganas de hacer.
Una música que amé desde que hago uso de mi razón y un instrumento que me atrapó, que conjugó perfectamente con mi personalidad y comenzó a fluir sin darme cuenta y encontré la salida en un mundo que todavía parecía más ameno.
Esta música lleva un siglo irrumpiendo y nunca envejeció, fue agiornándose constantemente y ganándose un lugar importante en la vanguardia de la batalla cultural, supo ser el grito de los más desprotegidos que se aferraron a sus raíces para transformar la mierda en algo tan lindo que se vieron obligados a hacerlo transcender, porque si de algo no se privan las lacras es de saber poner el negocio delante de todo, incluso del odio racial.
Entregue mi alma a lo simbólico y quise ser parte de eso que me reventaba dentro sin razón aparente, rápidamente me encontré en un escenario y eso nunca dejó de ser así, con muchos conciertos anuales en infinidad de ciudades de muchos países los primeros veinte años pasaron a una velocidad abrumadora.
Cientos de cantantes y guitarristas de diferentes países, estilos, personalidades y habilidades pasaron delante de mí mientras yo hacía una base para que ellos puedan explayarse cómodamente, nunca opiné sobre esas cualidades, sobre los gustos o los estilos, simplemente hice mi trabajo una y otra vez amando lo que hago sobre todo lo demás.
Pero hoy ya nada es como antes, de la misma manera que creer que la guerra total y el caos generalizado es un buen camino, hay quienes perdieron el amor por la música y su vocación desapareció para darle lugar a la saga los «juegos del bolo» poniendo la música en último eslabón de la cadena.
Lo que era vanguardia ahora es tan conservador del status quo que les parece mal que una mujer toque con la guitarra repertorio clásico con un sonido personal que no busca copiar, como si el mundo de la IA necesitará «reproducidores», «copiadores» o «ejecutantes» de algo grabado hace cien años, como si los músicos norteamericanos de la década del 40 del siglo anterior no hayan pasado de la música acústica a la eléctrica porque le ofrecía ventajas, como si en los setenta no hubieran cambiado su actitud para parecer más rockeros o como si en los ochenta no hubieran adaptado el sonido a lo que era una ventaja tecnológica, vanaglorian músicos a los que no les respetan su esencia innovadora y transforman su música en conservadurismo del más barato.
Vamos a tener hacer un gran trabajo cada uno para poder seguir sobreviviendo en la sociedad que nos espera, muchos quedaremos en el camino, seguramente, como siempre ha sido, pero yo nunca dejaré de estar coherente con mí sentimiento y si las cosas se ponen muy feas yo tengo muy claro en que lado voy a pelear y porque para el otro lado no levantaré ni un dedo.

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