Etiquetas


           ¿Nunca fantaseaste con matar a alguien? Simplemente agarrar un cuchillo o un destornillador o, por qué no, un arma… mirarlo a los ojos y notar su brillo lleno de miedo, de súplica, el terror arrodillado frente a mí mientras me excito con el poder de un Dios vibrando en mis venas. Lo he pensado mil veces, apretar fuerte su cuello hasta sentir como su aterrada alma sale por su boca fruto de un suspiro cargado de alivio. ¡Podría hacerlo sin reparos si fuera valiente! Es el momento indicado, pensé, estamos en guerra, en una guerra sin sentido, una guerra al fin, nadie notaría mí accionar, pasaría desapercibido en medio de tantos muertos. El, mí víctima, es el hombre que ha probado tu cuerpo, que ha sentido el calor que despide tu entrepierna, ésa en la que pienso cada mañana antes de levantarme, ésa que imagino cada noche mientras me hundo en el insomnio más profundo. Lo mataría realmente, disfrutaría al verlo temblar como la bandera que flamea sobre ésta base militar, puedo imaginar el terror en su cara al verme desquiciado riendo de los acontecimientos que mi mente vaticina, pero, sin embargo, soy cobarde y acá estoy, sufriendo a cada instante, recordando tu risa que vive en mí mente como el eco de mí esperanza entre las montañas de allá afuera que no hacen más que recordarme lo inmenso que es el poder de la naturaleza.

El hombre, por su lado, se cree tan importante que se adueña de la naturaleza y la comercializa, ¡pero cuidado! Ella es más poderosa y se resiste como puede ante los ataques feroces de los humanos que, como las hormigas, se valen de su cantidad para tener fuerzas dominantes. La naturaleza, sin embargo, es enormemente poderosa y lo demuestra para recordar que la batalla no está terminada, ruje el viento con fiereza, las aguas se vuelven violentas y revoltosas, el fuego se expande descontrolado y los hielos se derriten fácilmente. En un pasado ella dominaba sin problemas, el hombre temblaba horrorizado cuando la noche avanzaba sobre el sol, aliado de ambos lados.

Estamos a la espera del desenlace, se siente, se palpita, se acerca, pronto sabremos quién será el ganador, mi miedo nace en la certeza de que ambos son capaces de destruirse con tal de no perder la batalla. Más allá de todo esto, te juro que lo mataría, intentaría hacerlo lentamente mientras recuerdo cuán hermosas eran tus piernas.


 

Anuncios