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        Viajo hacia la desdicha, un conjunto de sentimientos hieren de muerte mi tranquilidad. El final de una historia siempre trae un manto de oscuridad que acompaña un frío cruel y distante, nunca más te veré, nunca más sentiré el calor que inundaba mis inviernos como una ola cargada de energía. Los pensamientos, suposiciones y preguntas sin respuesta fluyen por mi cabeza como el cauce de un río revuelto, puedo ver a los pescadores, como aves de carroña, esperando su ganancia.
     Viajo por arriba de una gran autopista, las luces amarillas y rojas de los autos atornillados son un esplendido espectáculo para mirar pero no para protagonizar, como aquellas grandes tragedias griegas. Tus palabras rebotan de un lado a otro en este río revuelto. Grandes frases llenas de sentimientos se pierden entre el viento de la misma manera que se apaga una vida, sin sentido ni vuelta atrás… promesas inconclusas, miles de promesas que te hice y no cumplí, mentiras inconscientes que desfilan entre las pobres miradas que mantuvimos.
        Sequedad, distancia y agonía mueven el agua de éste río, un río por el que navegaste a gusto y placer, un río que recorriste sin pensar en anclar, el mismo que un día te sorprendió con la orilla y no pudiste navegar… lejos de entender la física, te bajaste y por la playa te echaste a correr, te perdiste dentro de los bosques de mis recuerdos. Cada uno es un árbol, algunos los plantaste otros los talaste, algunos sobrevivieron a tu huracán otros resurgieron. El olvido cae, cada tanto, como la lluvia arrancando los árboles más débiles. Ayer plantabas recuerdos hoy estás perdida en medio del bosque de los recuerdos, sin plantar nuevos y sin protección para los que abandonaste.

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