Mataron el fútbol, robaron la democracia y herimos de muerte a la cultura

Afuera la nieve tapa todo lo que mis ojos pueden llegar a ver desde una ventana que se abre en el techo del ático que sirve las veces de refugio o celda con privilegios en la que me toca pasar estos días sin pena ni gloria aparente. Así… sin respirar, porque de eso se tratan estos tiempos. Las ilusiones que florecían en mi pecho orgulloso del camino que decidí recorrer se desintegran con el paso del tiempo de igual manera que el sol va limpiando la nieve y deja ver más vivas que antes a las plantas asomar. Ojalá, eso mismo haga la nieve con mis ilusiones aunque no quedaron congeladas por el hielo que cayó del cielo sino porque la esencia de los seres humanos heló mi sangre, por primera vez en mi vida veo que ellos y ellas son mucho más que nosotros y nosotras. El día que anunciaron que el mundo que conocíamos ya no iba a ser más el que era pensé que por fin íbamos a poder sacarnos las caretas y tener que actuar consecuentemente a lo que éramos porque ante las catástrofes o situaciones límites el ser humano tiende a dejar en descubierto su lado más instintivo renegando los modos políticamente correctos que la vida en sociedad reclama a diario para obtener beneficios y provecho de nuestro personaje público. Eso sería de gran uso para ingenuos como yo que no reparan en la construcción de personajes y a menudo son víctimas de los que actúan entre las sombras en punta de pie, tapados con un sobretodo y tomando decisiones antipáticas para otros pero tan simpáticas para beneficio propio. Públicamente sonríen al verte en sociedad con el puñal en la mano bajo el poncho. Algo similar a lo que pasó en los supermercados con los papeles higiénicos.

Estar quieto y al mismo tiempo lejos de la tierra que tiene la energía de tu concepción es algo extraño de transitar y a menudo oscuro, pero se me hace más fácil cuando puedo realizar dos hábitos muy puntuales: escuchar la radio argentina y ver los partidos de equipos argentinos en la Copa Libertadores. Nuevamente lo primitivo y lo civilizado se encuentran para que el WIFI lo haga bastante simple y pueda calmar la necesidad de salir volando rumbo al calor extremo y humedad rioplatense que mi pulmones tanto necesitan. La radio por suerte sigue siendo sin costo económico por lo que decidí unirme a un plataforma paga para poder ver a River y Boca disputar las semifinales contra dos equipos brasileros. ¿Mejor plan para un invierno nevado en el que no puedo salir de mi casa porque tengo prohibido ir a trabajar? ¡Y por solo 10€!

Me entregué sin dudarlo como hacía tiempo que no ocurría. Otra decisión que no hubiera hecho sin el contexto necesario fue comunicarme con la radio que suelo escuchar y como esas cosas que tampoco suelen suceder me sacaron al aire desde Madrid para hablar de la nieve. Terminé diciendo que me hinchaba bastante las pelotas que exista ese mambo con los que decidieron emigrar en un momento determinado de su vida, que se puede volver y que el día de mañana podría aplicar lo que aprendí afuera en el ministerio de agroindustria de un gobierno unitario porteño al que solo le importa que yo viví afuera y que Formosa sea cada día más pobre. ¿Por qué me llama una radio argentina para hablar de la nieve en Madrid y yo termino hablando de política?. – Vos todo el tiempo estas hablando de política. La voz sabía de mi madre desde que tengo uso de razón me contestó esa pregunta. Corté con una sensación extraña pero me tiré en el sillón, me fume un faso y decidí entre sentarme a escribir, agarrar la guitarra, una pepsi con papas fritas o todo junto, escribí así una canción que habla de las papas fritas, como desde hace una semana vengo haciendo sin interrupción ¿Acaso no es la vida que soñé? Si. Entonces… ¿Por qué esta angustia no se va? No lo sé pero hoy juega River y mañana Boca para poder hacerme sentir más cerca y ya pagué mi entrada virtual.

El párrafo siguiente no merece demasiado detalle. Me levanté, desayuné omelette con café, prendí la radio e hice lo mismo que ayer pero con la diferencia que hoy había fútbol. Me senté preparado para disfrutar y me encontré con un boxes de Fórmula 1 en una cancha de fútbol donde se toman cinco minutos para decidir el resultado de un partido mientras los jugadores esperan la decisión parados en el medio de la cancha. Mataron cualquier atractivo, pensé. Como si fuera poco ya no podemos distraernos con el contexto ya que están vacíos los estadios y tenemos que prestar atención al deporte en estado puro; el volante tapón se mete entre los defensores centrales para cubrir la subida del lateral derecho y mantener la línea defensiva armada. Solo para dar ejemplo. Por suerte Gallardo sigue luchando para poder salvar la esencia del deporte. 

Otra vez lo primitivo se cruza con lo civilizado, mientras les miden a los jugadores la cantidad de pasos en un partido y lo dividen por la eficacia en los pases de dicho partido para conseguir un número que va a dar resultado a la calidad del jugador en el FIFA 22 lo que va a decidir si Adidas le va a seguir pagando un montón de ceros que no puede disfrutar porque es esclavo de un sistema que se junta en un cuarto con monitores a definir el resultado de su esfuerzo después de someterlo a aislamiento, control de sustancias y pcrs. 

Debí comenzar a darme cuenta que algo sucedería cuando hicieron jugar a Boca y River con argentinos de los dos equipos en las tribunas de Madrid, cosa que en la Argentina misma no estaba permitido, pero mi visión del mundo antiguo nunca hubiera visto la catástrofe del mundo actual. El fútbol está muerto, por lo menos para mí.

Si de sorpresas se trata, estos últimos tiempos pican en punta, y somos testigos de un golpe de estado a nivel mundial digno de película estadounidense. Sorprendentemente empresas privadas de comunicación, digamos los medios de comunicación 2.0 deciden cerrar las vías de comunicación del presidente del país que no para de hablar de fraude en la elección pero vende e impone por el mundo democracia. Eso sí, la de ellos… La verdad que el intentar instaurar nuevas reglas de poder que hagan caer el reino occidental no me extraña, lo que sí me extraña es que la Conmebol arregle resultados desde un centro de mando. Bueno, la verdad tampoco me extraña, me acuerdo del juez Amarilla. Me extraña que sea con televisores como los de la F1. 

Finalmente me fui por las ramas en cosas que manejan los del otro lado, me refiero a las decisiones políticas, cuánto hay para un jubilado, cuánto sale un kilo de carne o cuánto pagas de luz, incluso cuánto vas a cobrar y cuánto te va a sobrar para poder comprar lo que quieras. En mi caso fue ver el fútbol y también ellos ahí definieron el resultado. 

Lo que no pueden decidir aunque lo intenten es nuestro sentir popular que es lo que identifica nuestra identidad y hace vibrar nuestro pecho pero hoy, lamentablemente, están ganando, y no lo digo para ponerme en el lugar del pájaro de mal agüero sino porque creo que se debe a nuestra culpa. Nuestros artistas están siendo empujados al olvido, hemos herido de muerte a la cultura que no solo se desfinancia como en muchos momentos de nuestra historia sino que está perdiendo la esencia, los jugadores ya no juegan felices, se los nota robots, los músicos no cantan felices desde sus cuentas de instagram y se van perdiendo en la subsistencia personal olvidándose en que la música sin compartirla no suena, los actores no hacen felices una obra por streaming sin que se genere en el aire el ambiente de tensión o alegría. Ninguna de esas cosas tienen sentido si no se acercan a vibrar, ningún partido de fútbol tiene sentido si al menos no le recuerda a un viejo su juventud, o una canción no dice nada si es solo sonido o si estas palabras no son leídas por nadie solo serán un conjunto de símbolos. Veo a la cultura en silencio, controlada, estigmatizada, sangrando y desorganizada por el ego de los que la hacen, mientras los centros comerciales no dan a basto y los operarios de la modernidad calman desde una línea telefónica a las hordas de orcos desesperados por el nuevo Iphone por el que ya pagaron un sueldo del operari@ que lo atendió dos veces de manera virtual en el mismo día y antes de tener el aparato con el cual accederán a todo tipo de contenido por el que no pagarán y se quejan enfadados de que un repartidor precarizado haya llegado a la puerta de su hogar con el teléfono en 36 horas en lugar de 24 horas después de haberse cruzado toda la ciudad anegada por la fuerza de la naturaleza que nos sigue avisando que esto va a colapsar. ¡Ey, se va a la mierda! 

Las pantallas brillan en la oscuridad de la noche. Los muchos se sacrifican para que los normales les regalen el poder a los pocos que desde las sombras nos mataron el fútbol, nos robaron la democracia y nosotros mismos hemos herido de muerte a la cultura.


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¡Anden con cuidado así podemos cruzarnos en el camino!

Christian M.

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