Un cielo amarillo

Mientras escribo esto un cielo poco familiar se pone amarillo. Todo lo que mis ojos pueden alcanzar a ver se tiñe de ese amarillento extraño que nunca antes vi. El cielo de España toma el color central de su bandera como queriendo decir algo pero el rojo no se encuentra en la poesía sino en el silencio de las calles abandonadas que solo se ve interrumpido por alguna sirena que no sé identificar a qué corresponde o algún helicóptero que vuela mucho más bajo de lo habitual. Los medios de comunicación escupen cadenas de desánimo dando el reporte diario de muertos como si se tratara del estreno con laureles de la guerra moderna y opten esconderlo. No me extrañaría. Pero la evidente realidad es que la gente muere sin echar una gota de sangre ni blandir una espada mientras las miserias más humanas reflotan a las superficies y se dejan ver. Lo bueno que traen los tiempos de emergencia es que dejan ver realmente de qué está hecho cada uno que tenemos cerca.

La historia de ficción que debería estar contándoles habla del entramado político que lucha para ocultar la verdadera pelea por el poder y sus consecuencias, del rol de los medios de comunicación para defender sus propios intereses basados en extorsiones y acumulación de riquezas y cómo algunos sólo quieren comprar tanto papel higiénico para limpiar su culo durante 5 meses sin importar que al lado algunos viven metidos en la mierda. Por eso hoy me levanté y decidí ponerle pausa a esa historia para hablar de la realidad que entró en un impás tan violento como el freno de emergencia de un tren a vapor del siglo pasado mientras todos nos quedamos mirándonos la cara por pantallas dominadas por una pésima señal de WIFI que replica la necesidad impulsiva de exponernos en sociedad asistiendo de entrecasa al velatorio mezquino de una era regida por un sistema de organización basado en el discurso del consumo en el que claramente perdemos muchos y ganan muy pocos. Sí, los mismos pocos de siempre. Y no voy a negar que en algùn lugar lo disfruto. 

Sin embargo, existe algo que nos puede dejar tranquilos; ya nada volverá a ser como lo conocimos y tal vez el futuro me encuentre contándole a los más jóvenes que yo viví en un mundo en el que la gente se juntaba en un lugar a escuchar cuatro músicos compartir un pulso para generar que la gente se comunique sin hablar por medio de energías que se van sumando hasta ser una sola. Sí, de verdad, sin máquinas extrañas y en el mismo lugar porque la cuestión nunca va a ser la salud, durante años los grandes dueños del mundo invirtieron mucho más en armas que en avances sanitarios y eso nos queda totalmente a descubierto en las imágenes de carroña que a todos nos llegan. Yo creo que esto traerá grandes planes secretos que no podemos ni imaginar y que seguramente estaremos preparados para afrontar como siempre ha sucedido pero lo que tenemos que tener como objetivo es aflorar con una nueva conexión con la naturaleza que nos aloja, entender que tal vez el problema podamos ser nosotros como especie y que nos convertimos en una plaga que juega a ser algún dios que pueda manipular la naturaleza, el entorno, que puede decidir cuándo llueve o nieva o qué caudal tiene un río, atravesar una montaña con una carretera o decidir cuando vive o muere un animal en nuestro corral sin importarnos que el existir humano es capaz de cautivar y obligar a reproducirse a un animal para venderlo y ganar poder en lugar de cazar solo para comer como hace el resto de los depredadores del basto mundo que nos entrega de sobra todo lo que necesitamos. La pausa no fue total y así lo dejan en evidencia los animales que han salido a investigar qué está pasando en los aposentos del diablo y por qué nos hemos detenido de arrasar sus tierras y engordarlos para jugar a cazar jabalies con armas a 100 metros de distancia. Al menos cobarde. Posiblemente es hora de darse cuenta que la verdadera guerra es contra la naturaleza y yo ya tengo posición tomada. 

Es imposible que mire por la ventana y no pueda pensar en mi insignificante historia que no le importa a nadie si cuento o no y piense en el ahora, en lo que pasa ahí afuera con el río tan revuelto que los pescadores se relamen agazapados como un león para sacar las ventajas que están acostumbrados a llevarse de los pobres de un apellido sin si quiera ningún vibrar moral en el pecho. De lo que estoy completamente seguro es que estoy del lado de la naturaleza y nuestra naturaleza es organizarnos para ser creativos, resistir y pelear por lo que nos corresponde y no es más que andar sueltos por el mundo con empatía por los demás seres que lo habitan, un mundo que es tan nuestro como del que pone alambrados y nos quiere produciendo para él. Un mundo que tiene mucho más de lo que necesitamos y que yace en nuestra naturaleza porque nunca podrán evitar que nos organicemos para resistir. Llevamos muchas vidas haciendolo. 

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