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Entrada 1. Julio 16 - Al mundo le falta un tornillo.

Texto: Christian Morana

Dibujo digital: Hernán Lopéz.


     Mañana a mañana, tarde a tarde, día a día, viaja a su trabajo donde siente que se seca como una planta de esas que nos olvidamos de regar porque estamos ocupados en ver cómo se pierde la vida en el qué hubiera sido… Contrastando con la imagen de domingo a la tarde que lo retrata con la mochila pequeña de Mickey que queda enorme en su espalda y Natalí agarrada de su mano mientras va a la casa de su ex mujer, la cual todavía no puede ver sin que su química se alborote de manera nefasta. Flavia rearmó su vida y ahora vive con ese inteligente y exitoso director de cine que se inspiró en él para un personaje detestable de su última película…. Esa imagen de perfecto padre de fin de semana se pierde el lunes rumbo a la oficina…

      Ya lleva diez años en el mismo trabajo y, a pesar de tener solo treinta años, se siente como un adulto completo, se mira en el espejo cada mañana cuando suena el despertador y ve un fracasado sistemático, todo lo que deseó para su vida quedó ahogado en el agujero sin fin que genera su inseguridad, no puede pelear contra eso. Sale abrigado por demás (para evitar alguna gripe), y se encuentra con Malena (su amiga y compañera de trabajo desde hace diez años) en el subte, en la misma estación, en el mismo horario… siente el olor del pelo recién lavado que ella desprende sabiendo lo que causa, en un punto lo disfruta… Él, la desea pero no sabe cómo hablarle, cómo intentar acercarse y tomarla violentamente de la cintura. Se saludan pero nada de eso tiene sentido, su personalidad quedó marcada a fuego aquella noche que tocaba la guitarra con la banda de sus amigos de la secundaria, la música le gustaba pero no era capaz de afrontar lo difícil de una vida dedicada al arte… Aquella noche, entonces, vio como el guitarrista de la banda que tocaba después, un músico talentoso que contaba con un renombre y una calidad sorprendente, se llevó de la mano a su primer amor, a su primera novia. El enlace entre aquella situación y Malena fue inevitable cuando se enteró que ella se había acostado con el hombre más interesante de la oficina, un profesor de historia devenido en empleado y dueño de una mente brillante que con un carisma seductor encontraba una historia interesante para cada momento. Él, se veía al espejo cada mañana, después de lavarse la cara y antes de encontrarse con Malena. Imposible, para su devenida autoestima, no compararse con el exitoso director de cine que se llevó a su mujer, el talentoso guitarrista que se llevó a su primera novia y el cuentista carismático que pasea con Malena. El fracaso era algo constante en su cabeza, apostó por una familia que se desarmó en su cama a manos de la rutina y la falta de deseo. Caminaba a diario hasta la estación de subte hundido en el profundo océano que son las grandes ciudades, siendo una pequeña gota mezclada con sal, mezclada con vida pero también con muerte, con el sol y la luz más clara y el frío más gélido de las profundidades. En sus auriculares (aquella mañana donde yo centré mi lupa) sonaba una canción que gritaba “Para vos lo peor es la libertad” su cabeza quiso hacer caso omiso  al mensaje pero su corazón latió fuerte prendiendo la alarma, trato de no pensar y bajó rápido las escaleras del subte. Como cada mañana, un cardumen de gente se peleaba por entrar a un vagón que no tenía la capacidad necesaria, levantó la vista y vio que el cartel prometía el próximo tren en 3′. Pensó que su vida no tenía la necesidad de contar con esos 3′ y comenzó a empujar la gente que también intentaba entrar para llegar antes al trabajo.


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