La rueda del hámster

Llevo un tiempo callado. Y cuando digo callado no me refiero a silenciar la garganta sino el corazón, el alma, o Dios según cada cual. A lo que me refiero, entonces, es a mi inexistente necesidad de gritar injusticias ya que mi necesidad de derrochar palabras delante de un monitor nació, siempre, desde la tristeza que hacía mucho tiempo no se daba una vuelta por mi pecho. Hoy volvió. Siempre fui consciente de que su ausencia era circunstancial. Algo así como la derecha en nuestro país. Siempre vuelve.

Una mezcla de situaciones (que a veces creo que exceden mi capacidad de acción y otras que soy el guionista inconsciente) comenzaron a desencadenarse atentando contra el equilibrio perfecto del que fui un testigo orgulloso de su creación. Y digo esto porque creí durante mucho tiempo que era parte de algo de lo que en realidad estaba mirando desde afuera. Pocas cosas son más tristes para un autoexigente e inconformista que busca todo el tiempo masticar conocimiento con una necesidad incansable de progresar en silencio. Llamando la atención correcta para no pasar desapercibido ni ser el centro de la acción. Mientras más conocimiento aprendes menos crees que sabes. Creo entonces que vamos por la vida confundiendo sabiduría con conocimiento despreciando así las expresiones más viscerales que, creo yo, son las más sinceras. Creemos que acumular información es saber como si tener una biblioteca enorme es realmente tener conocimiento. ¿Acaso las cosas no tienen que nacer antes de ser analizadas? ¿Acaso la música no sonó antes de estandarizar su armonía? ¿O los colores no existieron antes de darles nombre? ¿O los dibujos no decoraron cuevas antes de someterse a análisis de simetría o perspectiva? Me paro frente al espejo, me miro y encuentro un defensor extremista de la cultura visceral contra el avance de la teoría desmesurada. Desde lo personal que siente ese autoexigente crónico y lo que lo rodea; mi sociedad, mis proyectos y la realidad nace mi tristeza.

No creo que sea el único al que se le está haciendo difícil sobrevivir en un país de los más ricos del mundo hablando de riquezas naturales y trabajando todos los días de mi vida metido en algo así como “la rueda del hamster” que crearon para que tengamos la necesidad de correr más rápido que el dólar y el alza de los precios, el transporte y los servicios. Una burbuja inducida para que nosotros nos volvamos locos y corramos desesperados al ritmo del compás. Mientras tanto, lentamente, todo va camino a lo que fue… me pregunto cómo sucedió todo eso mientras recuerdo al pueblo gritando “Nunca más”. Nos encontramos volviendo al pasado, prometieron futuro optimista de autoayuda basado en el respeto de las opiniones y nos encajaron pasado represivo… No quisiera estar en los zapatos de “los estafados” que ven como el futuro y la comida de sus hijos está yéndose a lo lejos en el horizonte. Yo por lo menos no compré las amenazas a los profesores, maestros y directores porque toman los colegios por la falta de presupuesto que se suma a todos los problemas del trabajador medio mientras se denuncian las ganas de privatizar la educación. El arma más revolucionaria que puede tomar un trabajador es aprender, estudiar, adquirir conocimiento de buenas fuentes para poder generar así una visión propia gestada de seleccionar lo que cree que es lo correcto y más justo para vivir en un medio lo más ameno y menos peligroso posible… Hoy, la educación está en riesgo. La crisis salvaje e inducida que se basa en la depreciación de la moneda nacional y los ingresos del trabajador medio. Impactando directamente en su nivel de vida y poder adquisitivo.

Para solucionar esto los dirigentes piden plata prestada para llegar a fin de mes (a nosotros no nos dan un préstamos si no presentamos avales para garantizar el pago pero el país tiene capacidad de endeudamiento mientras la realidad parece no decir lo mismo) al tiempo que la ministra de seguridad presenta nuevos helicópteros de la policía. Entonces pienso; no hay dinero para la salud, le pegan a los maestros, no hay plata para las vacunas, no llegamos a fin de mes pero si se puede invertir en helicópteros, camiones hidrantes y armas… Entonces… ¿No hay plata para educar a nuestros chicos y jóvenes pero sí para pegarles? Lamentablemente, como sociedad, tenemos un tema sin resolver que nos lleva cíclicamente al mismo final y punto de partida. Llevamos desde nuestros comienzos entre mirarnos a nosotros para gestar un país próspero o vendernos al mundo contar de ser parte de una “élite” de la que la mayoría del país no le interesa formar parte. Llevo mucha tristeza, mientras me preparo para partir, para buscar otros horizontes, mientras escucho por la radio que le pegan a los trabajadores en el primer día de paro de los dos convocados. “La rueda del hámster” no parece parar y nosotros tenemos que correr cada vez más rápido para no terminar con la cara contra la rueda sufriendo los dolores de su movimiento mientras nos dejamos llevar por la inercia hasta que la naturaleza nos diga basta.

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