Acerca de la propuesta


«Llamamos literatura potencial a la búsqueda de formas y de estructuras nuevas que podrán ser utilizadas por los escritores como mejor les parezca.» Raymond Queneau

La creatividad, aunque es una facultad humana se desconoce y malinterpreta en las prácticas pedagógicas, porque el modo de educar consiste en transmitir conocimientos a fin de reproducir e imitar, en lugar de orientar procesos de descubrimiento. Por lo tanto las cualidades creativas, se limitan a esquemas, con efectos negativos en la formación de pensamientos únicos. 1

Acompañamos a crear jugando. Como nos hubiese gustado que nos guíen a nosotros, en lugar de aburrirnos estudiando de memoria cosas que no recordamos, ni nos sirve. O participando de encuentros de pura teoría y nada de práctica. De una manera fantástica para el que prefiere ficción, y desde primera persona gritando historias, para el que sangra realidad. No somos serios, ni de un grupo de intelectuales, pero amamos nuestro oficio. Reconocemos cuando se nos duermen las manos a cambio del sorbo de aire que nos otorga el vaciamiento.

Del querer escribir al cómo hacerlo, podemos nombrar un ejemplo del proceso creativo: preparación, incubación, iluminación, y verificación. No sabemos hasta que nos dedicamos a soltar palabras cada vez que estamos por explotar, cómo se articula el sonido de una, con la idea que representa.

Entregados o no al neuromarketing, no dudo afirmar que la mayoría del tiempo miramos sin observar. Sistemas, cables, laberintos, calles, números, datos, fotorreceptores convirtiendo sin descanso energía óptica en energía eléctrica. Alejándonos de la vieja comunicación, las pantallas, que no hacen más que enmascarar nuestros estímulos. 2

Diccionarios de papel, ideas enteras, finales justos, explosiones necesarias que podemos escuchar anotando todo, aunque no tengamos para anotar. Observar, oler, materializar y abrazar nuestra historia como enredando los brazos en una malla eléctrica, de fuego, o una piedra caliente de nuestra altura, que pedía libertad.

Escribir es eso, liberarse, estar más liviano de pensamientos. Curar. El excelsior de nuestras desgracias. La curita de nuestra guerra.

De memoria espacial, cartas y de más neuronas que galaxias, vamos a seguir jugando a los escritores, porque la palabra es salud.


El juego

En los sesenta ya había gente trabajando la literatura desde la matemática (OULIPO). Nosotros empezamos a diseñar juegos literarios con el mismo sistema de un juego de mesa, sin saber que existía. Y particularmente me dio mucha tranquilidad tener fuentes para consultarlo. Y aprender de esas experiencias creando nuevas, amoldandolas a nuestra época y ciudad.

Y como anunciaba al principio de este texto, nuestra idea y deseo del juego, es poder lograr no sólo que todos los que vengan escriban, sino que lo resuelvan con sus propias herramientas. Vamos por la inclusión de estrategias, más allá de las lecturas que puedan traer consigo los participantes.

Desarrollamos en tres horas de juego, fórmulas breves que llevan a la producción de un texto. Que al juntar todas las hojas de las mesas tenemos una genial historia colectiva. Escrita individualmente, pero jugada en grupo.

Las consignas son orales y escritas. Estamos acompañando como coordinadores, marcando límites y avisando disparadores, para que cada punto del juego, de pie a la invención dentro de su propia inspiración, y con el personaje que le toca describir, a la vista.

Hay más relación entre obsesión y creatividad , que entre coeficiente intelectual y creatividad. Y tenemos dos maneras de resolver un problema, desde la lógica: pensamiento lento y repetitivo, o de manera intuitiva : INLETRAS.

1 Fuente: “Proyecto de aula, huellas, voces y sentidos”

2 Fuente. “Usar el cerebro”Facundo Manes

 

EL BLOQUEO ARTÍSTICO

El bloqueo nunca desaparece de la vida del artista. No sólo le pasa a los escritores, ni es algo de principiantes. Lo bueno es no luchar contra eso.

Juan Benet era capaz de quemar su casa o seducir a su madre a cambio de inspiración. Hay que experimentar la palabra, desprendiéndose de uno mismo. Es placer, no evaluación.

Nosotros no elegimos la historia que vamos a contar, ella nos elige. Una constelación de moscas batiendo el cráneo, hasta que lo decimos. Somos un mediador entre el relato y los fantasmas que tenemos. Se empieza jugando. De la práctica a la teoría. Para que luego de este taller, vayan a uno serio. Y tengan red para atajar las críticas de los intelectuales.

Lo que digamos será música que debemos dejar sonar, y aprender a escuchar , sin saber dónde vamos. Los apuntes mentales tiran de la costura de nuestra herida mental oceánica. El tiempo nos enseña la respiración y el ritmo. Mientras tanto inventaremos palabras si no llegamos a visualizar la que nos mandan. Padres y sectarios de nuestra idea. Sin exagerar. Despacito. Y si no te sale, cantalo.

La criatura que sale de la tinta se desprende de nosotros como una cabra. Frena la gula de querer decirlo todo. Destierra la histeria de nuestros hombros, y nos grita. Escribir es una maldición que salva dijo Clarice Lispector, y tuve un escalofrío del tamaño de un cuaderno por año. Desde los seis.

No es un freno para escribir la hoja en blanco, sino la mente en negro. Para eso creamos con Christian Morana, y el amor que nos genera este oficio, un espacio de juegos literarios, para que todos se animen a experimentar lo que hay más allá de pensarlo. Compartiremos nuestras herramientas, a cambio de resultados imborrables, los recuerdos. Como cuando eramos chicos. Como cuando todo era nuevo. Sintiendo sin pantallas.

 

LA EXPLICACIÓN POÉTICA

 

Caemos como dados a  una mesa de desconocidos. Un laberinto de ropa y lapiceras. Voces en off dictando concentración. Ni maratón, ni  teatro. Vinimos a jugar. A sentarnos a explorar nuestro mundo inmaterial mediante otro. Hay planisferios sin mares. Solamente una ecuación para cada grito, y la mente en blanco  se convierte en  una calculadora abandonada en un cajón.

Cuatro sillas. No hay velas. De la A a la D, una ronda mental de lámparas de curiosidad. Me presento en la hoja. Atrás mío, otra mesa de la E a la H, espeja en murmullos garabatos y prejuicios. Y de nuestra infancia se materializan las ganas de inventar, y ahí jugar es natural, como putear a tiempo para un adulto.

El precipicio está en la hoja. Rota a la derecha. Ahora soy… y trabajo para…alguien me está buscando para matarme, y otro para que pague.  Consignas sentimentales, arando con fuerza el magnetismo de la lógica de la supervivencia. Un rompecabezas de oraciones, que se entrega a la simbiosis  del argumento que debemos redactar. Suena un tango. Todo entonces tiene sentido.

Estallan relojes estando cerca de lejos, en las manos de un sol o Galileo. De a  uno somos invitados al círculo de tiza de un cuentasecretos, que nos espera con un telescopio abajo de un puente en Buenos aires. El cadáver exquisito será el nuevo vino. O será el vino un cadáver para exquisitos. Todo lo que se de Rosso es que su tumba tendrá flores color cereza. Y una mujer o bruja le fabricará un horno para preguntas, cuando el tiempo llegue con su coro de fantasmas literarios.

Escribir los números del uno al nueve, menos el ocho. Elegir un número del dos al nueve y multiplicarlo por nueve. El resultado será el número que elegiste repetido en nueve dígitos. Son nueve por el sol. A nadie le importa que escriba los números con letra. Tal vez a esta altura ya no prestan atención.

Abrir libros en cualquier página, señalar sin mirar y anotar la frase. Repetir este procedimiento en el colectivo con conversaciones ajenas, robarles. Si, todos robamos.  Ignorar el S7. El aire es libre. Y para los ahogados, abre como un pavo real su metáfora, la gratitud.

Como el dolor matemático de Manzi, regalando frases justas en cerebros cuadriculados.  O como Ramanujan en Cambridge, y el jingoísmo. La manera menos cínica de mandar fruta es decir la verdad y que sea tan ridículo, que les de risa.

Experimentales. Para sumar prácticas a las teorías, y perfeccionar el estilo. Escribir antes o ahora, seguir jugando. Distraer con escasos conocimientos, y encontrar entre ellos al verdadero amigo que presta atención y plata, para no terminar muertos en una carta al olvido.

 

También hay niveles. En pantallas vivimos.  Dentro de cada uno de nuestros mundos hay otros mundos a los tiros. Pasarán de boca dormida a boca fruta, cuando al final del juego, una obra tome vida de lo que segundos atrás,  imaginamos.

 

LA ESCRITURA COLECTIVA

Hay una red infinita de letras que acuna cada una de las historias que conocemos, o vivimos. Se amaca como un blues en la oscuridad del espacio. Ya lo vimos en las películas gracias a  la tecnología. La cámara va desde una persona hasta otro planeta, o al revés. Concentrándose en las cosas que nos encierran hasta dejarnos quietos o muertos  en un suelo interno sin conquista. Gráficamente sería en este orden agregando a cada palabra encerrado por: sentimientos, fulan@s, barrios, ciudades, continentes, océanos, planetas.

Cada escena con su banda sonora, nos escolta a sobrevivir. Algunos aceptamos el arte, porque nunca dejamos de ser chicos. Porque si él existe, y lo dijo Symns,  es porque la vida fracasó. No es tan malo después de todo, dejar escrito quiénes fuimos. Empezaron miles de años atrás. Gracias a eso sabemos quiénes eran y qué les pasaba a la gente que admiramos, y aprendemos a expresarnos robando lenta pero humilde y creativamente sus herramientas.

Emociones que atraviesan la piel de nuestro aborigen domado por artículos éticos y morales independientes a las prácticas racionales. El  barrio desde arriba y  los techos,  una ciudad que se desfigura en colores, huellas y números. Luego la forma del continente encerrado por océanos por los que viajan mensajes. Familias de símbolos que hacen posible nuestra comunicación. Olvidando el zoom culpable del enter, el interior.  Conectados sin borratinta a festivales dogmáticos y obligaciones que sólo  nos favorecen  para perder nuestra propia vida. Es inevitable el exilio. Pero podemos escribir,  y volver a nuestras raíces sensoriales.

“Escritura experimental”. Jugar, como cuando eramos  chicos. Perdiendo el respeto, olvidando las reglas colectivas y adoptando nuevas reglas que no necesitan ser aprobadas por senadores ni pensadores, reglas que sólo buscan liberar la imaginación, para desencallar barcos de papel,  del océano de nuestra comunicación.

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