Entre el silencio inexistente de la campana del tren

Sin saber por qué me desperté de noche sintiendo algo raro, de repente me había transformado en un narrador omnipresente que todo lo sabe, como si mi capricho se hiciera realidad y podría determinar el destino de la gente que me rodea, simplemente imaginando lo que me gustaría que le sucediera a quién se me venga a la mente y en cuestión de minutos ¡zas!... ahí estaba mi pensamiento hecho realidad. En un principio me asustó. ¿Qué haría yo con semejante poder? ¿Sería capaz de controlarlo sin que él me controlara a mí? ¿Hasta dónde me iba a ser útil y no se transformaría en un gran problema inmanejable? Yo no lo elegí, nadie me preguntó si realmente yo quería portar semejante don y responsabilidad. Para ser sincero nunca quise demasiadas responsabilidades.

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La rueda del hámster

Llevo un tiempo callado. Y cuando digo callado no me refiero a silenciar la garganta sino el corazón, el alma, o Dios según cada cual. A lo que me refiero, entonces, es a mi inexistente necesidad de gritar injusticias ya que mi necesidad de derrochar palabras delante de un monitor nació, siempre, desde la tristeza que hacía mucho tiempo no se daba una vuelta por mi pecho. Hoy volvió. Siempre fui consciente de que su ausencia era circunstancial. Algo así como la derecha en nuestro país. Siempre vuelve.

Ella contra el ejército que pelea por la prohibición del uso del sentido común

Mucho tiempo pasó sin sentarme a escribir, tal vez por estar inmerso en mi mundo y mis tareas que cada día son más grandes pero también me resultan más cotidianas. ¿Cómo sería haber cumplido de adulto los objetivos que un niño se planteó? Rutinario, normal, así resultó. No hubo nada en este tiempo que vibre en mi pecho y suba hasta la garganta con la necesidad de ser gritado con la fuerza de la libertad como antes sucedía a diario. Esa misteriosa fuerza que no pudieron detener ni los ejércitos mercenarios más grandes de la historia.

Tres noches atrás para ella, una para mí

19 de abril, San Sebastían, Guipúzcoa, Comunidad Autónoma del País Vasco, España. Pasaron casi tres días desde la última vez que me acosté en una cama, en aquella oportunidad, encima, no fue solo. El trajín de la aventura me llena de sentimientos las venas tanto que en un momento mi ojo pareció explotar pero finalmente, … Continuar leyendo Tres noches atrás para ella, una para mí