Pensando a Buenos Aires

Salgo caminando de mi departamento enclavado en el corazón geográfico de Buenos Aires. Donde llore, reí, me enamoré y agarré un bajo por primera vez, volví a llorar a reír, enamorarme y tocar el bajo hasta que los dedos se me llenen de callos. La primavera se nos presenta con una lluvia molesta y abundante de esas que mojan y salpican en la cara empañando los lentes y dejándome sin ver "LA FINAL" del siglo entre Boca y River mientras, a modo de trastienda, el ejército de Estados Unidos se quiere instalar en Uruguay para defender a los líderes más importantes del mundo que se reúnen en nuestra ciudad a la que la ministra de seguridad aconseja abandonar y el presidente comenta que su hija le sugiere privatizar la aerolínea nacional que garantiza la comunicación entre destinos que no son redituables pero importantes para aquella gente que viviría aislada de no ser por la presencia del Estado. Click para seguir leyendo.

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Una historia que empezó de casualidad y siguió por amistad.

Allá por 2015 junto a Federico Verteramo, Jorge Costales y Germán Pedraza comenzamos a soñar y planificar la gira que titulamos #Europabluestour. Un sueño que veíamos difícil pero no inalcanzable. Fue ahí cuando nos pusimos manos a la obra.

Entre el silencio inexistente de la campana del tren

Sin saber por qué me desperté de noche sintiendo algo raro, de repente me había transformado en un narrador omnipresente que todo lo sabe, como si mi capricho se hiciera realidad y podría determinar el destino de la gente que me rodea, simplemente imaginando lo que me gustaría que le sucediera a quién se me venga a la mente y en cuestión de minutos ¡zas!... ahí estaba mi pensamiento hecho realidad. En un principio me asustó. ¿Qué haría yo con semejante poder? ¿Sería capaz de controlarlo sin que él me controlara a mí? ¿Hasta dónde me iba a ser útil y no se transformaría en un gran problema inmanejable? Yo no lo elegí, nadie me preguntó si realmente yo quería portar semejante don y responsabilidad. Para ser sincero nunca quise demasiadas responsabilidades.

La rueda del hámster

Llevo un tiempo callado. Y cuando digo callado no me refiero a silenciar la garganta sino el corazón, el alma, o Dios según cada cual. A lo que me refiero, entonces, es a mi inexistente necesidad de gritar injusticias ya que mi necesidad de derrochar palabras delante de un monitor nació, siempre, desde la tristeza que hacía mucho tiempo no se daba una vuelta por mi pecho. Hoy volvió. Siempre fui consciente de que su ausencia era circunstancial. Algo así como la derecha en nuestro país. Siempre vuelve.